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Flores en el recorrido
Close up de flores del mercado
Bandera de México en el mercado
Diferentes flores con sus precios
Pasillo del Mercado de Jamaica
Flores moradas, naranjas y amarillas
Camioneta con flores arriba
Nave del mercado
Persona cargando diablito con gerberas
Rosas apiladas

SOBRE EL PROYECTO
SOBRE EL PROYECTO
SOBRE EL PROYECTO

FRAGMENTOS
DE UNA
INVESTIGACIÓN
SOBRE
QUIENES
HABITAN
EL MERCADO

El Mercado de Jamaica es uno de los principales centros florales de la Ciudad de México. Cada día, cientos de personas llegan desde distintos puntos del país para mantenerlo en movimiento: cargan, venden, transportan y acomodan las flores que llenan los pasillos del mercado. Sin embargo, detrás de ese movimiento constante también están las horas de camino que forman parte del trabajo.

Este proyecto busca visibilizar ese tiempo, los recorridos que se repiten todos los días, los trayectos que también moldean sus cuerpos y sus rutinas.

Las flores funcionan aquí como metáfora. Así como las personas que las venden, también viajan desde lejos, dependen del clima, del cuidado y del entorno. Son organismos vivos que, al igual que los cuerpos, responden al paso del tiempo.

El proyecto se compone de un video documental y de una serie de registros visuales y escritos que exploran esa relación entre movimiento, cuerpo, tiempo y entorno. El documental se centra en una familia que todos los días…

ENTREVISTAS
ENTREVISTAS
ENTREVISTAS

ENTRE PASILLOS Y FLORES

Esta sección reúne fragmentos relevantes de entrevistas realizadas con las personas que trabajan en el Mercado de Jamaica.

A través de sus palabras, se revela una red de historias que florecen entre los pasillos, los viajes y las madrugadas. Cada testimonio muestra cómo el trabajo con las flores está marcado por el tiempo: el tiempo del trayecto, del cuerpo y del cuidado.

Escuchar sus voces permite comprender el mercado más allá de la venta, sino como un espacio vivo donde lo cotidiano se transforma en memoria y recorrido.


HUMBERTO

Camioneta con flores arriba tapada por telas

El viaja dos horas cada día desde Milpa Alta. A esa distancia, el amanecer lo alcanza en el camino. Las flores que vende vienen de Villa Guerrero, Toluca, y llegan al mercado antes que muchos de los que las compran. Su jornada empieza a las ocho y termina al caer la tarde.

Trabaja junto a tres compañeros, preparando arreglos según el movimiento del día, improvisando entre pedidos y conversaciones. Después de treinta años en el mercado, dice que el cuerpo se acostumbra. Que el cansancio ya no se siente igual, solo se vuelve parte del trabajo.

Su puesto no es familiar. Entre el ruido de los pasillos y el olor a agua estancada, dice sentirse seguro. Aquí todo se aprende con el tiempo: el peso de los cubos, la temperatura del agua, el ritmo del mercado.

IVÁN

Camioneta con flores arriba tapada por telas

El llega desde Nezahualcóyotl. Cuarenta minutos de metro separan su casa del mercado, pero ya no le parece mucho. Vende arreglos como empleado, y aunque solo lleva dos años, se mueve con la soltura de quien conoce el lugar.

Dice que los días cambian con las festividades: en mayo el mercado se llena de madres, en noviembre de flores naranjas, en febrero de corazones rojos.

Entre tanto movimiento, lo que más nota es la mezcla de acentos, rostros y costumbres; cada vez más gente de distintos lugares empieza a trabajar aquí. Habla de la seguridad sin pensarlo demasiado: “sí, se siente”, dice. Quizá porque todos se conocen, o porque el mercado, con su caos, tiene también un orden que los sostiene.

JOSÉ

Camioneta con flores arriba tapada por telas

El llega a las tres de la mañana, cuando la ciudad todavía está vacía. En ese horario el metro avanza rápido y el mercado aún no huele a flores, sino a humedad. Es mayorista y trabaja en un puesto que empezó con sus abuelos. Es la tercera generación.

Las flores le llegan desde Valle de Bravo y las recorta cada tres días para mantenerlas frescas, un hábito que repite sin pensarlo. Nos cuenta que a veces se siente inseguro, pero que no sabría hacer otra cosa.

Conoce bien el calendario del mercado: en primavera vende flores amarillas, en octubre cempasúchil de Xochimilco. Entre la rutina y el ruido, José habla poco, pero cada palabra deja ver que el trabajo, aquí, se hereda tanto como se aprende.

ALEJANDRO

Camioneta con flores arriba tapada por telas

El vive a solo diez minutos, en Santa María Aztahuacán Sur. Llega al mercado a las ocho y se va doce horas después. Es mayorista, segunda generación.

Treinta años trabajando aquí le han dado una forma particular de mirar. Habla de los proveedores, los locatarios, los que llegan desde lejos con la mercancía. Su productor viene de Villa Guerrero, siempre un día antes de la venta. Dice que el mercado tiene sus jerarquías, pero también su comunidad.

Con el tiempo uno aprende a leer el movimiento de los pasillos: cuándo va a llover, cuándo sube el precio, cuándo habrá flores nuevas. Asegura que se siente seguro. Tal vez porque aquí lo conoce todo: los ruidos, las pausas, las personas, las flores.


MAPA
MAPA
MAPA

CUERPOS QUE FLORECEN Y SE MARCHITAN

Cada día, desde Domingo Arenas, Puebla, salen las flores que más tarde llenarán los pasillos del Mercado de Jamaica.

El trayecto, de varias horas, conecta el campo con la ciudad y forma parte esencial del trabajo que sostiene el mercado. Este mapa muestra ese recorrido: el camino que atraviesan las flores y las personas que las transportan, un trayecto que también deja huella en sus cuerpos y en su tiempo.

Las flores llegan después de un recorrido largo, igual que quienes las llevan. Ambos dependen del entorno, del clima, del ritmo del día y sobre todo del cuidado.



DOCUMENTAL
DOCUMENTAL
DOCUMENTAL

Poster Rastros de Jamaica